Y llegó el día D

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01-10-2017
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La izquierda, especialmente la nueva, surgió para tratar de mejorar las condiciones de vida de nuestros conciudadanos, para romper con un sistema agotado y finiquitado, no para perder ni un segundo en veleidades independentistas.
 Y llegó el día D
La izquierda, especialmente la nueva, surgió para tratar de mejorar las condiciones de vida de nuestros conciudadanos, para romper con un sistema agotado y finiquitado, no para perder ni un segundo en veleidades independentistas.

Saben ustedes que, desde estas modestas líneas, no suelo analizar cuestiones estrictamente políticas, salvo las derivadas de mi campo, la economía, y su traslación o plasmación en la política económica. Sin embargo, esta vez, tal como ya lo he hecho en cuatro blogs previos, la delicada situación que atraviesa nuestra querida España, me obliga al menos a compartir con ustedes ciertas reflexiones. Mi tesis es muy sencilla, fácil de entender. Ya la conocen. España, incluida Cataluña, atraviesa una profunda degradación social, económica, política y moral. Y en río revuelto, ganancia de pescadores. Los independentistas sediciosos, con ayuda exterior, han visto su momento de gloria, y han aprovechado este contexto de enorme debilidad para tratar de medrar y descomponer nuestra querida España. Ni se lo debemos, ni se lo podemos permitir. Por el futuro de todos y cada uno de nuestros conciudadanos. Por eso, y esta es mi primera idea, debe recaer sobre los organizadores de este esperpento de referéndum ilegal todo el peso de la ley. Y cuando digo todo, es todo.

"La a verdadera libertad es inseparable de esa enorme sed de justicia necesaria para cambiar el triste devenir de nuestros hijos y nietos"

La solución, como segunda idea, pasa por una profunda regeneración de nuestra querida España. Déjenme extenderme en este argumento. Nuestra democracia hace años que fue secuestrada por unos pocos. España, incluida Cataluña, en su actual deriva, es un excelente ejemplo de Totalitarismo Invertido. Nuestras élites políticas y económicas, claramente interconectadas, son, en su inmensa mayoría, profundamente mediocres, extremadamente egoístas, y carentes de esa ambición sana que permite avanzar y progresar a un país y a sus gentes. Son “patriotas de hojalata”. La verdadera libertad es inseparable de esa enorme sed de justicia necesaria para cambiar el triste devenir de nuestros hijos y nietos. En nuestro país, incluida Cataluña, los monopolios, los oligopolios, los rentistas del suelo, están acabando con los emprendedores, los productores, los trabajadores, fomentando una distribución injusta de la renta y riqueza, generando pobreza. ¿Y saben ustedes quienes están pagando los platos rotos? Nuestra juventud. España no es un país para jóvenes, pero, además, bajo la actual súper-estructura, es un país sin futuro. Echen una ojeada a la pirámide poblacional, y un vistazo a la situación financiera de las familias, y a nuestro modelo productivo. Lo vengo avisando hace tiempo. Se está gestando en nuestro país un conflicto inter-generacional.

La solución para Cataluña, la misma que para el resto de España

Pero esta solución es la misma para España y, como parte de ella, para Cataluña. Llama poderosamente la atención como los cantos de sirena independentistas ocultan la dura realidad catalana, exactamente la misma que la del resto del país. Corrupción, burguesía en declive, mediocridad, pobreza, desigualdad son rasgos distintivos de la Cataluña actual. Todo ello aderezado con una manipulación de la historia difícil de entender, que en algunos episodios denota rasgos de una idea de supremacía moral y ética falsa. A los datos y a la realidad me remito. El nacionalismo burgués catalán ha fracasado. Y de ahí, toda la movida que han montado. Porque en el fondo se trata de eso. Es exactamente todo lo contrario de lo sucedido en el País Vasco, que vive un momento histórico dulce. He de reconocer que el PNV entendió en la década de los 80 la solución a su proceso de reconversión industrial: más y mejor industria. Apostó por ello y ganó. Es la única comunidad española que está jugando en la primera división mundial. Es un ejemplo que deberíamos imitar el resto del país. Todo ello aderezado además con unos niveles de corrupción bajos, en estándares europeos, nada que ver con la calamidad de los desgobiernos bajo el partido del actual ejecutivo de Madrid o en la misma Generalitat catalana.

Quienes nos han llevado hasta aquí deben desaparecer

Quienes han actuado como bomberos pirómanos, quienes nos han llevado hasta aquí, fruto del desgobierno de las últimas décadas, en Cataluña y en el resto de España, democráticamente, en las urnas, deberían ser reducidos a cenizas. Pero no se preocupen, no pasará. Por un lado, Rajoy y el partido que le sustenta son parte del problema. Azuzaron un sentimiento anti-catalán por un puñado de votos. Y los rasgos distintivos de sus gobiernos han sido siempre los mismos: han favorecido a los rentistas patrios, que actúan a modo de vampiros; han activado y generado burbujas financieras e inmobiliarias por doquier, endeudando a nuestro país como nunca en nuestra historia reciente; y han generado un esquema de dádivas y depravación institucional generalizada. Por otro lado, los partidos independentistas catalanes, herederos una burguesía en declive, que busca como posicionarse de nuevo para seguir medrando. Son responsables de tensar la cuerda hasta niveles insospechados, pero no para mejorar la situación de sus conciudadanos, sino para seguir medrando, alimentando un discurso identitario falso, mientras sus conciudadanos pasan exactamente por las mismas penurias que el resto de españoles.

"Permítanme una reflexión final muy personal sobre la actitud de la izquierda de nuestro país respecto al tema catalán. Debería haberse posicionado claramente contra el desafío independentista"

Permítanme terminar con una reflexión final muy personal sobre la actitud de la izquierda de nuestro país respecto al tema catalán. Debería haberse posicionado claramente contra el desafío independentista. El problema de nuestro país es el de una desigualdad asfixiante, el de una corrupción galopante, el de unas élites rentistas. El contrato social, si en algún momento existió, se ha roto, y la izquierda, especialmente la nueva, surgió para restablecerlo, para tratar de mejorar las condiciones de vida de nuestros conciudadanos, para romper con un sistema agotado y finiquitado, no para perder ni un segundo en veleidades independentistas, profundamente sectarias, sino supremacistas.

Lo único que espero y deseo es que la situación, a partir del 2 de octubre, se reconduzca de nuevo; y que a nadie se le ocurra usar la violencia como un medio para conseguir sus fines. Pero también exijo contundencia contra quienes se han saltado la ley, usando a niños y jóvenes en su particular cruzada, de manera que asuman las consecuencias de sus actos. Y que de una vez por todas seamos mayorcitos, quien la hace la paga.

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